Llega marzo, el comienzo de clases para los más chicos y para los que siguen carreras universitarias, la vuelta al trajín diario. Termina el período en que la mayoría tomamos nuestras vacaciones. A no deprimirnos ni estresarnos, que hay muchas maneras de conservar la calma y la energía a lo largo del año. En la nota te damos algunas claves.
Conservar el ritmo
En los días que dejamos de trabajar, muchos de nosotros seguimos haciendo trámites y arreglando diversos asuntos, pero siempre encontramos algunos días o semanas para desenchufarnos por completo. En esas ocasiones nos reencontramos con nuestro ritmo interno que es la música de cada uno, es eso lo que nos devuelve la serenidad.
Cuando volvemos a las ocupaciones cotidianas, es importante hacernos el lugar y el tiempo para ponernos en contacto con esa música interna que dicta nuestro paso. La meditación, las caminatas y los momentos de calma en soledad son de gran ayuda.
La pausa de cada día
En muchas provincias y ciudades se guarda la costumbre de dormir la siesta, algo que parece una utopía para quienes vivimos en las grandes ciudades aceleradas, quizás no podamos darnos ese gusto, pero sí podemos aprender a hacer pausas.
En general, nos vemos obligadas a resolver muchas tareas distintas de manera simultánea. Existen plazos de entrega, de vencimiento y todo parece una carrera. Pero la clave está en saber parar: hacer las cuatro comidas diarias, poder salir a caminar aunque sea una vuelta a la manzana, levantar los ojos de la computadora y descansar la vista, hacer ejercicios de estiramiento, llamar a alguien para conversar un rato.
Tenemos que volver a aprender a hacer los cortes necesarios, para estar más lucidas en el trabajo y más despejadas para la vida.
“El arte del descanso es una parte del arte de trabajar”, John Ernst Steinbeck.
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Un faro y una foto
Los barcos necesitan faros para ubicar la costa, nosotras podemos utilizar alguna foto de las vacaciones para ubicarnos en la vida.
Al elegir la foto mejor que vernos despampanantes es que nos traiga un recuerdo de paz, alegría, fuerza. Ver cotidianamente una imagen nuestra con los ojos despejados y llenos de entusiasmo, nos hará recordar cuándo detenernos, cuándo decir que no y cuándo ponernos en marcha hacia nuevos rumbos.
Costumbres nuevas
Se sabe que los hábitos cotidianos son los que tienen más efecto en nuestro estado mental y físico. Las vacaciones de unas semanas o de un mes, no pueden compensar una vida desordenada.
Por eso, incorporar una alimentación variada, encontrar el gusto por la actividad física y tener un tiempo para hobbies y para el contacto con nuestros seres más queridos, son todas cuestiones que necesitamos incorporar a nuestra vida.
Entusiasmo y pasión
Una de las cosas que nos apagan, además del estrés y la vorágine, es la rutina. Las vacaciones suelen ser momentos de gran alegría justamente porque se rompe con el esquema conocido.
Pero está en nosotras poner un poco de creatividad a nuestra vida diaria. Andar por calles y caminos nuevos, proponernos conocer lugares, ferias o barrios; aprender alguna danza o disciplina… El ser humano necesita de la novedad y de los desafíos para alimentar la pasión y encender el entusiasmo.
Que la fuerza de las vacaciones nos impulsen a recorrer las nuevas sendas.
“Intenta algo que nunca hayas hecho y repítelo tres veces. Una, para superar el miedo a hacerlo. La segunda, para aprender cómo hacerlo. La tercera, para ver si realmente te gusta”, Virgil Garnett Thompson.

por Ana Paula Cordero
Entrevista, producción y redacción
Periodista del staff de Focus On
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